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Para mi forma de ver las cosas, la innovación de la teoría de John Nash es la de la consideración de la sostenibilidad dentro de un sistema. Es decir, la actitud individual, regulada, para evitar la producción de entropía y desestabilización del sistema.

No voy a explicar más lo que en el pasaje de la película ya se explica de manera cabal, en este escrito quiero centrarme en cómo, podemos conseguir eso y la respuesta que puedo introducir es ” el Cuadro de Mando Integral” (CMI o BSC por sus iniciales en inglés, Balanced Scorecard).

Definamos primero que es el concepto de Estrategia, que, en palabras de el gran gurú de la estrategia empresarial, Michael Porter, se puede entender como el conjunto de acciones que tienen la finalidad de llevar nuestra empresa a una posición de ventaja competitiva y permanecer allí. De esta última parte de la frase ” permanecer allí”, se deduce el principio de sostenibilidad y perduración que caracteriza a toda empresa, por lo que toda empresa, aparte de lidiar con su realidad inmediata, debería estar enfocada en su sostenibilidad a largo plazo.

El CMI es un sistema de gestión integral (que no solo de control), que nos permite estructurar y conseguir el compromiso de todo el equipo para acercarnos a la consecución de nuestra visión organizacional (de toda la organización o de la Unidad de Trabajo en la que estamos, también conocida como UEN o unidad estratégica de negocio).

Esta herramienta se lleva a cabo en una serie de pasos:

  • Definición de la visión, misión y los valores de una empresa
  • análisis de la realidad interna y externa de la empresa
  • elaboración de un mapa estratégico
  • Creación de indicadores clave, de forma estructurada para reflejar toda la dimensión de una empresa.

Esta estructuración generalmente se hace en cinco apartados, pero a título personal yo utilizo un sexto. Estos seis apartados son: Recursos y entorno, personas, procesos, clientes, resultados y sociedad.

El análisis bajo estas perspectivas nos permite establecer objetivos estratégicos más concretos y traducirlo en acciones asignadas a personas y a plazos concretos. Para evaluar la efectividad de nuestras acciones disponemos del cuadro de mando de indicadores, derivado del mapa estratégico que hemos realizado previamente. Esto nos permite tener una fotografía global de la realidad de nuestra empresa centrada en el largo plazo, permitiendo la visualización de la contribución de todos los miembros del equipo en la historia de la empresa.

Es por ello por lo que el CMI tiene un papel protagonista para trasladar la teoría de John Nash a la práctica diaria de nuestras empresas.

El CMI nos permite alinear los intereses dentro de la empresa y estudiar la mejor estrategia para abordar al grupo de chicas implicando a todos los presentes para consensuar a cuáles vamos, que nadie sienta que le han impuesto la fea o la superguapa que resulta imposible. El CMI es un asistente para a alcanzar el mejor resultado que le era posible a ese grupo.

El CMI es una herramienta conductora maravillosa pero no lo es todo, es decir, aplicar una herramienta así pero mantener una cultura de la culpa en la empresa, un liderazgo autocrático, dejar que fluya un mal clima laboral entre compañeros, una falta de inversión en recursos, van a minar el compromiso del equipo con la empresa, por lo que al CMI se le debe acompañar de otras medidas de higiene empresarial. La buena noticia es que el CMI nos ayudara de detectarlas.

Y si el cuadro de mando coordina con sistemas de retribución variable, aparte de estimular la motivación procedente del compromiso y la autorrealización, lo incentivamos con el interés económico que une a todos los trabajadores, hallaremos una mayor sinergia que facilitará todavía más la consecución de la visión empresarial.


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