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Dicen los expertos en comunicación que cuando hay un error en la transmisión del mensaje la culpa siempre es del emisor. Así de contundente. Pues se entiende que es el emisor quién debería, a través de una comunicación activa, establecer mecanismos de seguridad para confirmar que el mensaje se ha interpretado adecuadamente.

Esto es importante si se tiene en cuenta los principios de la programación neurolingüística, en los que se dice que el mensaje original, pasar a través de unos sentidos, un mundo emocional y un mapa mental de cada uno de los receptores, para acabar llegando a una interpretación.

Un ejercicio muy sencillo para evidenciar esto, es pedirle a un grupo de personas que salgan a la calle durante tres minutos, que vuelvan y escriban lo que han visto. Desafío a que hayan dos personas que escriban algo mínimamente parecido. El territorio, es decir, la imagen vista, era igual para todos, pero nuestra interpretación le ha dado esa riqueza de diversidad al mensaje.

Entender este principio, aplicado a equipos de trabajo resulta capital. Es difícil delegar lo que no se tiene claro. Mi Hermana solía decirme “lo habrás entendido cuando sepas explicarlo”, y sin duda alguna tenía razón.

Pero todos los líderes no son perfectos y en ocasiones factores limitantes de la reacción intervienen en la emisión del mensaje (el tiempo, la presión, el factor humano de la relación interpersonal entre los comunicantes, etc.), Por lo que si bien el principio que carga todo el peso sobre el emisor me parecería correcto cuando hay una relación profesional – cliente (el segundo compra un servicio del primero y merece que se le explique correctamente hasta que lo entienda), en el ámbito laboral, todos han de poner de su parte para hacer que la energía fluya.

Por ello, también consideró que hay que compartir la responsabilidad para no ir buscando culpables. Aquí es donde entra la frase del día, “ explíquemelo como si fuera un niño de cuatro años”. Esta brillante frase pronunciada por Denzel Washington para evitar los rodeos de su interlocutor, me parece clave, porque a menudo sentimos vergüenza de preguntar, por ser considerado limitado en la capacidad de comprensión, pero el hecho es que fuera de la vehemencia del momento de la comunicación, uno puede abandonar tal momento con la sensación de no haber entendido, y rellenar con un exceso de interpretación propia el mensaje original, desviándose del propósito de este.

Es por esto por lo que me parece tan valiosa esta frase, porque Denzel Washington, lejos de avergonzarse por no haber entendido, sabe dar la vuelta a la situación y evidenciarle al emisor que está siendo poco claro y que debe especificar más su mensaje.

Esto sucede mucho en el mundo de la negociación, a menudo de lenguaje muy abstracto y de lecturas entre líneas, pero para este tipo de relación tengo otro vídeo que pondré próximamente todavía más específico y divertido.

Así que, si debemos delegar, intentemos delegar con instrucciones sencillas teniendo claro que antes de hacerlo deberíamos conocer el objetivo y explicarlo sabiendo responder a las preguntas que se puedan derivar. Si recibimos el encargo, no debemos avergonzarnos de querer pasar del plan abstracto al plano concreto, porque de lo contrario, el fruto que se derive puede ser mucho más molesto para el equipo, que el tiempo extra asociado a una explicación más específica. Ahora bien, también resulta clave mantener un clima laboral que permita las preguntas, porque sin ellas no hay fluidez de la energía, sino sólo una entropía desatada fruto del choque de las interpretaciones mentales y los mundos emocionales de todos los que interactúan, sin válvulas de regulación.

En resumen, delegar sabiendo explicar y en términos específicos, además de generar un clima para permitir las preguntas, que al fin y al cabo no son otra cosa que la oportunidad generosa para contrarregular nuestra falta de claridad en el mensaje.

No puedo acabar este artículo sin hablar de la filosofía KISS (Keep it simple Stupid, en español, Hazlo fácil, imbécil), y que tuvo su origen en la marina de los estados Unidos con la finalidad de actuar como base del diseño de procesos y productivo. Más tarde también incorporado por la NASA y, pese al gran sentido común que desprende, su incorporación no están fácil como parece, pues como escribió el genial Blais Pascal “Te escribo un carta larga porque no tengo tiempo para escribirte una más corta”.


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